Santandreu - Nada es tan terrible

07.01.2021

Rafael Santandreu - Nada es tan terrible. La filosofía de los más fuertes y felices

Y sí, voy a reseñar un libro con título de autoayuda y que al leerlo parece de autoayuda. Hace tiempo buscando un salvavidas para la depresión me encontré con este psicólogo en Youtube, y me interesó lo de la psicología cognitiva. Fui a Panamericana y me compré este libro para ver qué tal. El asunto es que era lo mismo que decía en los videos, así que sentí como que lo compré innecesariamente, boté los 50mil. Pero para no seguir sintiéndome mal por eso, me dije que le iba a hacer una reseña. Acá vamos. 

Como decía, el libro se presenta como un manual para personas que sufren de ansiedad o depresión, de estrés, paranoia, y hasta ahí, tampoco es para volver psicólogo a cualquier hijo de vecino. Está dividido en tres partes: la teoría, la práctica y unos consejos para practicar el mindfulness, que normalmente acompaña este tipo de terapia. La idea desde el principio es enseñarle al lector que las exigencias que se hace en la vida para ser feliz son realmente innecesarias: "Porque toda perturbación procede siempre de la creencia de que necesitamos mucho para estar bien" (p.33).

Hablemos de la teoría un poco. La psicología cognitiva fue creada por un señor en los años sesenta-setenta llamado Aaron Beck, quien con la intención de desligarse de la especulación exagerada del psicoanálisis, buscó una práctica que se demostrara más eficiente en términos epistémicos y terapéuticos. Pensó entonces que lo que ocurre con un problema como la depresión es que las personas tienen experiencias, que analizan de manera catastrófica (o de otras formas negativas), y esa es la dinámica por la que terminan por sentirse mal, o sea, deprimidos. En un paso más allá de la teoría, resulta muy parecida al Kant de la primera crítica: la intuición es filtrada por un esquema, que al final produce un tipo de representación precisa para el sujeto trascendental, cuando él pone en funcionamiento también sus categorías. O en otras palabras, uno experimenta algo y tiene esquemas para analizarlos, después esa interpretación produce un tipo de sensación específica. Este proceso es el que produce los problemas psicológicos, de modo que un tratamiento terapéutico consistiría en modificar los esquemas que hacen que se tengan esas sensaciones no deseables o esas malas interpretaciones. A Santandreu le gusta mucho citar una frase de Epicteto, pero que igual podía decir Nietzsche u Osho: "no son los hechos en sí mismos lo que nos afecta, sino la interpretación que hacemos de ellos". Siendo absolutamente sintéticos es en esto en lo que consiste la psicología cognitiva. Me perdonan los psicólogos que sé que se ganan la vida con esto y no está bien que se les simplifique lo que hacen a diario.

Santandreu, entonces, presenta esta posibilidad de una herramienta para el bienestar a su manera. Ofrece metáforas, relatos, ejemplos, fórmulas, cuadritos, esquemitas, chistecitos, y así uno siente como que todo puede ser muy sencillo. Comparte ese tipo de historias en las que un joven va donde un maestro zen y este le sale con respuestas no referenciales que dejan al primero rascándose la cabeza. Dice que lo único que se necesita para estar bien es comer, y que a todo lo demás... "que le den". No siendo muy ingenioso semánticamente, considera que la enfermedad que vivimos en la actualidad se llama "necesititis", esto es, la creencia de que para estar bien es necesario tener alguna cosa, tener salud, tener trabajo o estar con alguien. Nada de eso, nos dice, para estar bien solo basta con saber hacer la interpretación correcta de lo que ocurre; por ejemplo,  uno solo en la vida... pues voilá, la pasa genial, se pone a hacer ejercicio, trabajar más duro, puede estudiar más, ay, ay... pero esperemos que me estoy adelantando al final.

Me imagino lo que usted estará pensando leyendo esto, claro, lo comparto. Según lo que dice este señor uno debería sentirse mal por estar infeliz o deprimido, ¡puesto que es muy sencillo! Creo que ese es el magnetismo que puede tener este tipo: decirle a la gente que en ellos ya está la felicidad (idea robada de Hegel por cierto) y que solo basta mirar con las gafas precisas lo que ocurre (las gafas de la felicidad). Es asunto de interpretación y punto.

Pasemos entonces al punto de vista propio sobre el libro. Pero para hacer esta reseña más entretenida hagamos una cosa. Quisiera comparar entonces lo que dice Santandreu con estas palabras que aparecen en la cuenta de Instagram de Linda Palma, una presentadora de las noticias de farándula de las 7pm de Caracol. Cito:

"¡Feliz viernes! Que lleguen buenas noticias y cada vez estés más cerca de alcanzar tus metas. Eso sí, apreciando el HOY y celebrando lo alcanzado hasta este momento".

¿Qué tenemos acá? Creo que se trata de la puesta en práctica de Santandreu y su manera de entender la psicología cognitiva, es decir, ese 26 de octubre del 2020, Linda Palma, quería proponerle a la gente que sin importar las circunstancias pensaran en que el porvenir sería maravilloso, que el pasado es para agradecer y que se enfoquen fuertemente en el presente. Esto es muy parecido a lo que dice Santandreu en la página 51: "La estrategia más directa para hacerse fuerte y feliz es buscar el disfrute en todo". ¿Y qué otra cosa tiene cara de totalidad que no sea el tiempo? De modo que Linda Palma y Santandreu promueven un modo de entender la vida en el que se comparten los supuestos fundamentales: interpretar con alegría lo que nos ocurre.

Pero esperemos un momento, resulta que no es solo con Linda Palma que hay estas coincidencias, uno ve Instagram, mira lo que escriben las muchachas en bikini sobre su foto y se encuentra con cosas muy similares todo el tiempo (no hará falta citar más porque usted sabe a lo que me refiero). ¿Qué ha pasado? ¿Todos son practicantes de la psicología cognitiva en la actualidad? Solo se pueden leer lecciones de vida en todas partes, la sabiduría lo ha abarcado todo, el espíritu de Epicteto se diseminó y está en todos. En este momento veo el estado de Whatsapp y una amiga pone esta frase: "No permitas que nadie te haga dudar de lo que eres". Tendré que aceptarlo, no solo yo compré el libro de Santandreu  (la verdad, ya lo sabía porque ha vendido millones). 

Ahora sí, hagamos la pregunta que hay que hacer acá: ¿qué significado tiene el que estemos en un momento histórico en el que se comparten tantas frases llena de "sabiduría" y en el que Santandreu es el best-seller de Hispanoamérica?

Duane Rousselle, un filósofo muy joven y especializado en psicoanálisis,  en un brillante artículo le ha puesto un nombre a este fenómeno: "word art", el arte de la palabra en español. Consiste en que la sabiduría, la espiritualidad y la psicología cognitiva se imparten por todos lados en nuestra actual sociedad. En nuestro caso, sabemos que ese modus vivendi se trata de un lujo de la clase media y de las altas, pero bueno, eso no le quita que sea un fenómeno del presente. Uno va a un café y ahí está la frase, los McDonalds hacen árboles con estas frases, he visto gente que tiene tatuajes con frases de este tipo (en otro idioma hay veces), el de la radio comienza el programa con una frase de esas, y de nuevo, sí de nuevo, Linda Palma al final de las noticias, jugando con la polisemia, dice: "Recuerden, la vida es (L)linda". Rousselle ve en este fenómeno algo muy concreto: se trata de la destrucción del pensamiento, pues, se vende en todos lados una supuesta profundidad que no es más que banalidad, mientras el pensamiento es el develamiento de las formas en que se constituye lo que llamamos la realidad. Pero este fenómeno también habla de la necesidad del capitalismo de regular los comportamientos para que puedan adecuarse a los tiempos, espacios y estéticas que se imponen. Estas frases tienen la función socializadora de que aquel que dude o sienta ganas de algún cuestionamiento en torno al modo en que su vida se está desarrollando, la extinga a través de la constatación de que todo se trata de la manera en que se está interpretando el mundo. Según Rousselle, estas frases se proponen como imágenes instántaneas que no exigen ninguna interpretación, sino ser aceptadas como si se tratara de imperativos. En el fondo, no hay ninguna interpretación, así que Epicteto debe ser modificado: "no son las cosas en sí mismas las que nos afectan, sino el hecho de que no seguimos la idea de que debemos estar bien, ser agradecidos y tener ambiciones".  

Entonces, esas propuestas de vida facilistas, que además son la esencia misma de la autoayuda, ofrecen una fragmentación del discurso que resulta de fácil acceso y de uso inmediato, pero si se miran detenidamente se entiende que son órdenes. Es cierto, todos sabemos que las órdenes se dan de manera inarticulada, como balbuceos o gritos que simplemente hay que seguir. Pero el pensamiento es articulado, se presenta en un ordenamiento en el que se descubre lo que se critica, lo que no está bien, se muestra la manera en que se debe abordar la realidad y se da una alternativa que resulte lo más incluyente posible. Pero sobre todo el pensamiento nunca propone un cierre y un "ya no se puede decir más", para el pensamiento todo es objeto de cuestión y no es posible proponer ni siquiera a la felicidad como un axioma incuestionable. El word art lo que hace es impedir el cuestionamiento de lo que esas frases en torno al agradecimiento, la centralidad de la familia, lo especial del amor de pareja o la necesidad de la autorrealización a través del trabajo, realmente significan. Lo que se enseña con el word art es a mantener la paz interior del no pensamiento, es decir, el conformismo de saber que se está en el lugar de privilegio y que, por ende, nada se debe cuestionar. 

Aunque desvirtuando un poco a Rousselle pienso que este tipo de facilismos solo tienen el objetivo de arruinar aquello que tanto motivaba a Hegel: la racionalización de la esfera pública. La filosofía de Hegel en su lado político pretendía que las instituciones de la sociedad fueran el efecto directo de la racionalidad y no -como creían los liberales- una imposición para atajar el egoísmo natural de esa racionalidad. La racionalización de lo público posibilitaría una verdadera deliberación, una apuesta por los mejores argumentos y una inclusión de todos aquellos que se sintieran afectados por las decisiones. Pero en el fondo, de lo que se trataba en lo que dice Hegel es de que utilicemos el pensamiento, de que se haga un esfuerzo por ver que la realidad empírica, tal y como la presenta la misma ciencia, tiene un problema cuando la vemos dialécticamente, es decir, tiene el problema de su circularidad: describe un mundo en el que ella misma ha propuesto los términos de la descripción. La idea de la reinterpretación de lo que nos ocurre, así como las frases que arengan a la felicidad, lo que buscan es reducir las posibilidades de la deliberación, y convertir a nuestro individualismo en la única manera de la autorrealización. 

La idea de una interpretación adecuada de lo que nos afecta tiene también el problema de que no tiene ni idea de lo que se trata interpretar. Gadamer ha dicho que toda interpretación está condicionada por lo que él llama "prejuicios", que son en últimas la razón por la que Heidegger habló del círculo hermenéutico, esto es, lo que se interpreta está condicionado por el pasado, por la pertenencia a la cultura y por las instancias de poder que permiten la interpretación. Si se interpreta lo que nos pasa en la vida de una manera alternativa que nos haga sentir bien es solo porque hay una adecuación entre la nueva interpretación y nuestra sensación de bienestar que es dictada desde una instancia de legitimación (los medios, el consumo, las redes sociales, los amigos, la política, etc.). Estamos tranquilos en la medida en que la interpretación permita una inscripción acrítica en los fines que se imponen en la sociedad del consumo. 

El "word art" entonces es una manera muy efectiva de desplazar cualquier discusión, de suprimir la diferencia y de enmarcar todo dentro de las posibilidades exclusivamente individuales. Tengo la sensación de que todo esto tiene que ver con esa ideología actual en la que cada cual piensa que tiene la razón solo por oponerse a las instituciones o a la historia. Como los que sin ninguna prueba, argumento o frase articulada sostienen que no se van a vacunar, o como los que ven en la reivindación de las minorías (feminismo, racismo, homofobia), nada más que el capricho de unos cuantos que no tienen nada qué hacer.  O para poner un ejemplo de actualidad, pero muy elocuente, lo que hicieron los seguidores de Trump al tomarse el congreso solo porque creen que les robaron las elecciones, pero sin pruebas, justificaciones, deliberaciones ni consensos, solo porque sí, porque "es lo que yo pienso", porque es mi interpretación. Se trata en esos casos de lo mismo: solo lo que el sí mismo piensa es lo que vale, es mi interpretación individual la que da la felicidad. Tristemente esta ideología se resumen en lo que es: la ignorancia de no saber que es de otra parte de donde viene su anárquica interpretación. Porque cualquier interpretación debe ocurrir desde la constatación del efecto de la historia que es el ser humano.

Desde mi punto de vista, si esto pasa ahora, y existe este libro como el de Santandreu, es porque la autoayuda participa de lo que varios autores (Lacan, Chul Han, Zizek, Allain Miller) han definido como "el imperativo de la felicidad". En nuestro tiempo hemos tenido que lidiar con la idea de que tenemos que ser felices sin importar el cómo y mucho menos el por qué: el que no es feliz es porque no quiere y si no quiere es un fracasado. Cada momento de la cotidianidad es para ser aprovechado como fuente de felicidad, por eso cada instante es valioso para ser puesto en una foto y adjudicarle una arenga en torno al disfrute de lo que se ve. Las fotos de las modelos en Instagram reflejan la necesidad constante, el esfuerzo diario y tenaz por demostrar que se es feliz; es una esclavitud. Si en alguna ocasión salen tristes, como ha pasado, es solo para demostrar que la felicidad es mucho más grandiosa cuando se ha pasado por un instante de infelicidad. 

Para esta manera de entender el bienestar psíquico lo importante es que el sujeto logre poder volver a sus tareas cotidianas, por eso cuando alguien tiene algún tipo de sufrimiento, pero de la misma manera cumple con sus funciones laborales y familiares, no hay razón alguna para remitirlo al terapeuta. La obligación conductual de la felicidad se disfraza como una oferta de placer desmedido y hedonismo, pero muy claramente se trata de un ordenamiento de los cuerpos para que logren regular su particularidad a través de la universalidad del capitalismo.

En alguna entrevista vi que Santandreu no se considera un defensor del capitalismo o el status quo, aunque realmente lo que ocurre es que la terapia cognitiva aparece como una desestructuración de las exigencias capitalistas, pero solo porque al negar el deseo de opulencia y posesión el sujeto puede volver a sus funciones dentro del aparato productivo. ¿Qué pasaría si tuvieras un problema con tu jefe, que te tratara mal y te dijera que eres un miserable? Lo que propone Santandreu es que lo dejemos pasar como si fuera un rayo que no nos afecta en nada a nosotros: 

"Quizá un día nuestro jefe nos echó una reprimenda muy fea. En ese momento experimentamos un fuerte estrés [...] Si hubiésemos practicado la actitud de "dejar pasar el rayo", esa energía negativa  habría transitado por nuestro cuerpo y, en cuestión de minutos, habríamos recuperado la forma emocional. Sin rastro del problema" (p.285). 

Santandreu promueve la renuncia (esa es la primera parte del libro), pero solo para quitarle su verdadero nombre: "aguantar". Renunciar es aguantar, y el momento de la creación (la segunda parte del libro) es el momento de la sujeción a las formas prediseñadas que la estructura social le ha impuesto: esposo, trabajador, hijo, consumidor, amigo, respetuoso del orden en últimas. Mientras que alguien siga pensando que merece más de lo que tiene, es decir, tener una vida realizada desde la pluralidad que es el ser humano (arte, amor, política), es posible que colapse y sus funciones en la cadena productiva decaigan. En ningún momento se valora realmente la subjetividad, la vida propia, la historia personal, el amor a sí mismo, todo se sacrifica en función de la felicidad. 

En últimas, lo que me parece más impresionante es que tampoco hay espacio para que el sujeto se haga responsable de sus decisiones y de sus fracasos. Cómo lo va a hacer si siempre va a desplazar lo que ocurre hacia un ámbito de conformismo con la misma realidad; no se percata de que puede ser de otro modo lo que está viviendo. La ética es algo que se disuelve en medio de esta exigencia de felicidad, puesto que ningún valor puede cuestionar el único importante: el placer propio e inmediato. Cuando el sujeto no se hace responsable por lo que le ocurre se desplaza la culpa de lo ocurrido al otro, entonces, el sí mismo no tiene la posibilidad de pensar en torno a las razones de por qué lo que desea no se puede efectuar; no hay autocrítica y en consecuencia es imposible aceptar la pluralidad. Es una manera de ser total y dramáticamente antidemocrática. Por todo esto es que Santandreu vale, y vale millones, porque sin él muchos ricos serían menos ricos. Bueno y Linda Palma está buena... está buena para ayudar en eso que hace Santandreu.

PS: Si a alguno le pareció mi interpretación de la búsqueda de la sujeción a las estructuras como muy metafísica, tenga en cuenta que las estructuras siempre son fallidas, así como la identidad del sujeto y que todo lo dicho se da en un marco hegeliano, es decir, dialéctico, pero no estalinistamente hablando, sino postmarxistamente. Espero quede claro.

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